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Gabriel Martínez Navarrete

CREATIVIDAD Y VERDAD, CON SENTIDO COMÚN 2>

Vivir significa enfrentarse a problemas, y los problemas requieren solución. Y estas reclaman creatividad.  La creatividad al parecer es una cualidad rara, pero no debería serlo. Quizá el 80% de la población tiene la capacidad de impulsarse   a niveles excepcionales, pero se encuentran anclados e incapacitados por el miedo de ver más allá de sus narices.

Vivir con mente abierta y sin dar por supuesto nada, porque el cambio es algo de ordinaria administración. Lo que ayer era adecuado para una situación concreta, ya no lo es para hoy, excepto los principios, que son lo permanente.

 Si queremos avanzar en la vida, somos nosotros los que tenemos que cambiar para modificar el mundo. de acuerdo a unos principios ciertos y verdaderos. Como, por ejemplo: Nadie da lo que no tiene.

La creatividad, la verdad y el sentido común para resolver problemas deben permanecer inseparables. Es claro que si nos encontramos con un obstáculo –al parecer insalvable- en la realización de nuestros proyectos, jamás hemos de dar marcha atrás. Sencillamente le damos vuelta al problema, y seguimos hacia adelante. 

Cualidades básicas para actuar inteligentemente

La primera cualidad para actuar inteligentemente es el amor a la verdad, es decir, adecuar nuestro entendimiento a la cosa, no importa si esta nos agrada o no; si nos facilita el llegar a nuestro objetivo o no, Sin duda, que si amamos apasionadamente la verdad podremos acceder a la segunda cualidad de la persona que actúa inteligentemente.

La segunda cualidad es la apertura de mente, es decir, optar y desarrollar una mente abierta, flexible, reflexiva, ello permite actuar muy brillantemente.

Si actuamos con una mente cerrada, rígida, mecánica, quisquillosa, nos dispersaríamos picoteando en un problema y en otro, sin llegar a resolver ninguno, nos fatigaríamos inútilmente y nuestra actitud sería más gris que brillante, faltaría comprender el punto de vista del otro y el entorno.

La tercera cualidad es la capacidad para concentrarnos en una sola cosa a la vez y permanecer en ella hasta que se resuelva, mediante preguntas y respuestas sencillas. 

La cuarta cualidad es la capacidad para afrontar sistemáticamente los problemas; ello evita que nos hagamos “bolas”, caminando en círculos, sin lograr progresos. 

¿Cómo pensar sistemáticamente?

Con el siguiente método usted podrá actuar tan creativamente como si fuese muy inteligente, pero amando siempre la verdad:

-Acéptese a sí mismo –con sus virtudes, habilidades, defectos y limitaciones- y mantenga una fe grande en usted. No se venda barato, sabiendo que usted es tan capaz como los demás. No se compare con nadie, todos somos distintos y cada quien es inteligente en lo suyo.

-Su autoimagen debe ser real, nadie es “Superman”, pero tampoco es un enano, a menos que uno lo desee. Lo que pasa es que los gigantes de la humanidad han sabido concentrarse en sus tareas, haciendo lo que deben y estando en lo que hacen, durante años. Para ellos, los fracasos han significado situaciones que les permitían adquirir experiencia, y cuando han sido “machacados” por la pérdida, han sabido encontrar caminos inéditos para volver a remontarse. Sólo la muerte tiene carácter de definitiva.

-Cambie su lenguaje de negativo a positivo. Mientras más positivo se torne su lenguaje, más optimista se sentirá usted. Optimismo, optimismo, y más optimismo es una actitud que nos sacará adelante de cualquier situación difícil y adversa. Fe, optimismo, verdad y alegría, siempre. Tal como sea nuestra fe, será lo que nos ocurra. El buen humor le hará que lleve con alegría los momentos indeseables o adversos. Escribió san Josemaría que el buen humor hasta en el momento de la muerte.

-Defina con claridad su dificultad o situación. ¿Qué es exactamente el reto que enfrento? ¿Qué es lo que me provoca tensión y ansiedad?  ¿Por qué estoy descontento?  Escríbalo claramente y con detalle. 

-No se conforme con una respuesta superficial, llegue al origen o causa del problema y aplique el principio “divide y vencerás”, es decir, divida su problema en partes y vaya solucionándolas. Enfoque el problema desde diversas direcciones, y pregúntese cuál es el camino para lograr la solución. Compare las diversas soluciones posibles, y pregúntese: ¿Cuál es el peor resultado posible si la decisión es equivocada? Actúe. Ello le dará la valentía, para empezar e ir hacia adelante.  Sobre todo, si se pregunta: ¿Qué es lo mejor que puede ocurrirme? 

-Acepte la responsabilidad completa por la decisión tomada y establezca una fecha límite. Si la decisión es importante, puede tomar más tiempo. Es útil establecer fechas límite de corto plazo, que le vayan llevando a su objetivo. Póngase a trabajar en el plan de acción. Ocúpese. No se preocupe, porque eso le puede destruir la personalidad y su salud psíquica. 

-Periódicamente compare lo logrado con lo planeado.

CONSTRUYAMOS EL MEJOR MUNDO POSIBLE 2>

“El futuro no existe para ser adivinado, sino para ser hecho”. Nos interesa en la medida en que pueda contener nuestros objetivos presentes. Esta verdad palmaria, a veces no es correctamente entendida y se descuida el presente, el ahora, que es cuando podemos hacer las cosas.  

Si descuidamos el presente, las consecuencias serán funestas, se caerá en la ceguera ante la vida, la precipitación y el atolondramiento que ello trae consigo.

Muchos de los males que padecemos: droga, divorcio, pornografía, pérdida de los valores morales, consumismo, aumento de la brecha entre ricos y pobres, desempleo, etc., se deben, quizá, por no haber cuidado nuestro presente, por vivir del modo más impaciente lo que contraría.

Lincoln, dijo en una ocasión, que una de las cosas más difíciles para el hombre, consiste en lo qué tiene que hacer uno al momento siguiente. Y es cierto, a veces, resulta imposible. Pero no reside aquí el problema: sino en la carencia de unos objetivos por los que valga la pena esforzarse.

¿Cuáles son nuestros objetivos? ¿Qué pretendemos?: forjar un mundo más humano, donde cada persona sea acogida con alegría, se le respeten sus derechos y fomente su libertad. En todo esto coincidimos, y nadie sería capaz de objetarlo. El asunto radica más bien en cómo y para qué.

No se trata de forjarnos una utopía, si no de ser realistas, sabiendo que es imposible encontrar la felicidad plena en esta vida, pero que si resulta posible una felicidad relativa y que al menos se pueden crear las condiciones para ser felices. Pero no se trata de un estado, sino más bien de una actitud ante la vida, la que hace que seamos felices y contribuyamos a que también lo sean los demás. 

Por ejemplo, la actitud positiva y responsable de los paterfamilias, contribuye poderosamente al bienestar social y a edificar el futuro en los mejores términos que puedan ser imaginados. Lo que sensatamente podemos imaginar, lo podemos hacer.

La tasa de natalidad, indica el número de nacimientos por cada 1000 personas durante un año. 

Con anterioridad a la Revolución Industrial (Inglaterra, siglo XVIII), las tasas de natalidad eran muy elevadas, superando el 40 por mil.  En nuestros días la tasa de natalidad media está en torno al 28 por 1000, pero las diferencias entre países son muy acusadas. Así, algunos países mantienen tasas de natalidad parecidas a las sociedades anteriores a la revolución industrial, mientras que otros bajan claramente del 10 por mil, como, por ejemplo, es el caso de Alemania y España, lo cual es preocupante.

Este descenso es muy difícil detenerlo, aunque no imposible. Pues no sólo se explica por motivos económicos o sociales, sino también por una visión distorsionada del matrimonio y la familia y por una concepción egocéntrica y materialista de la vida.

Es preciso invertir esta tendencia en el descenso de los nacimientos. Podría ayudar, proporcionar ayuda económica a cada familia necesitada, pero sobre todo se hace imperativo una revalorización de la tarea educativa de los paterfamilias y del concepto monogámico del matrimonio y de una alegre y feliz apertura a la vida. 

Es preciso quitarse los miedos y optar por la confianza en Dios, con la idea muy realista de que cada persona, recién concebida, ya trae  un pan debajo del brazo.

 

ACTITUD ADECUADA EN LA ADVERSIDAD 2>

Hacerse presente en la adversidad significa ante todo autoafirmarse en la realidad interna y externa.  Autoafirmación de sí mismo y afirmación personal con los demás. Es nuestro “yo” conjugando un “tú”, a la vez que un “nosotros”. Es la comunicación mutua. Un “sí “en la adversidad es un acto continuado de alegría, sabiendo que nunca estamos solos.

Características de esta comunicación:

  1. Personal. Lo que quiere decir que su ámbito es la primera persona: mi “yo” o el “tuyo”.
  2. Actitud mental positiva.  Quiere decir afirmarse en lo positivo y en lo correcto.
  3. Vital. Quiere decir “sí” a la vida, tanto a las privaciones como en los gozos sanos. Despertar cada día con el corazón lleno de amor, dispuesto a la lucha y a darse a los demás. Cada cosa que se nos presente, adversa o no es una invitación para aprender y una oportunidad para superarse. Nunca darse por vencidos.
  4. Actual. Se da en tiempo presente. Surge cuando actuamos haciendo lo que debemos, y estando en lo que hacemos, sin evasiones de ningún tipo.
  5. Emocional. Produce un enriquecimiento afectivo. Puedo hacer partícipe de mi emoción positiva a otros y viceversa.
  6. Enriquecedor.  Lo que significa que el cambio de autoafirmaciones tiene como consecuencia un enriquecimiento tanto en el “yo” como en el “tú”.
  7. Tres reacciones.  Por defecto, por exceso y por equilibrio. Lo atinado es reaccionar equilibradamente para sacar provecho de la adversidad.

Suponga que a un vendedor le es cancelado el pedido que tanto esfuerzo le costó conseguirlo, por defectos en el producto, y ha perdido la venta. El pedido se lo han dado a la competencia.

El vendedor puede reaccionar de tres maneras:

  1. Enojarse, decepcionarse, frustrarse, por no haber controlado la situación.
  2. Conformarse, decir “ni modo” y pasar a otra cosa.
  3. Adquirir experiencia y tomar una resolución para que aquello no vuelva a suceder. Es decir, reaccionar en forma equilibrada, reuniéndose con los jefes de los responsables para evitar que en un futuro se repitan los errores. En este caso, el vendedor ha reaccionado con previsión, firmeza, justicia, amabilidad y sentido del humor, es decir no ha dejado nada por supuesto. Su conducta ha modificado positivamente la conducta de los demás. Ha sabido comunicarse. Se ha hecho presente en la adversidad.

Hacerse presente en la adversidad.

Sé del caso de Pedro, que le extirparon un tumor que tenía en el cerebro y quedó hemipléjico.  A pesar del consejo de que aceptara su situación y de la afirmación de muchos de que así se quedaría. Pedro no se dejó aconsejar por los pesimistas, y tomó una actitud sanamente agresiva y optimista: empezó a hacer ejercicios y a los pocos meses se restableció completamente.  Ahora goza de un buen puesto en una empresa.

Utilizó las siguientes prácticas:

  1. Repetición de actos para reafirmar actos buenos. Las autoafirmaciones o actos virtuosos sólo pueden crearse con actitudes de humildad, sinceridad, sencillez, alegría, fe, optimismo, buen humor, sentido de responsabilidad, perseverancia que nada hace desfallecer. Comprendió que el afrontar la realidad es el primer acto de alegría y de felicidad.
  2. Técnicas para desarrollar actividades y asegurar el éxito. Mantenerse ocupado en la forja de habilidades que se necesitarán cuando se recobre la salud.
  3. Utilizar las actitudes positivas, la imaginación y visualizar el cambio. Desarrolló lo positivo que hay en uno. Bloqueó lo negativo, practicando el rol que deseaba desempeñar en el futuro. Mientras más claras y vívidas fueron las actitudes positivas y las imaginaciones: el trato con los demás, los olores, los sonidos, el lugar, etc. más motivado estuvo.

 Lo más importante es el sentido que se le dé al esfuerzo: Dios, los demás y en tercer lugar uno. Mientras más útil y desprendido de sí se imagine uno, mayor será la fuerza interior para superar las dificultades y conseguir el ideal.

 

 

MÁS SOBRE EL PERFIL DE UN LÍDER 2>

Si un líder afirmase que son insignificantes los efectos psicológicos en los niños con familias rotas; todos le diríamos que no, porque tenemos la experiencia de que no es así. Si alguien afirmase que la 2da guerra mundial benefició a la humanidad: le desmentiríamos con abundancia de argumentos. Un líder con memoria fiel, sopesa y da el valor real a los acontecimientos pasados. Posee una experiencia objetiva y profunda.

Un líder debe saber construir el futuro –no en base a conceptos científicos, ni a unas “recetas”-, sino por su agudeza de mente habiendo tomado en cuenta el bien común de los ciudadanos y la situación concreta.

El excesivo aprecio de sí o jactancia, pervierte el juicio, y provoca que las decisiones sean subjetivas, precipitadas e ineficaces. Peligro que se contrarresta con una docilidad activa y una disposición de buscar sinceramente la verdad, tomando en cuenta la opinión de quienes sí saben.

Estas características son las que debería tener un líder con hombría de bien. El que impere y consiga que las decisiones se lleven a la práctica, depende mucho del equipo de trabajo con el que se sepa rodearse.

MÁS SOBRE PERFIL DE UN LÍDER 2>

  • No excluye al competidor, sino que lo supera.
  • Persuade con el ejemplo, más que con discursos.
  • Es congruente con su proyecto de vida.
  • Posee el tacto de vivir conforme con lo que los demás son y hacen.
  • Sabe que sin los demás no puede hacer nada.
  • Dirige. Esto implica contar con controles fiables y medibles del avance de cada proyecto.
  • Aguza los sentidos en lo que concierne al prójimo:
  • Problemas y necesidades:

 Mantiene un aprecio genuino por la gente.
 No juzga los puntos de vista, sino que procura verlos tan claramente como si fuesen
propios.

-Piensa y hace pensar en aquello que puede querer el prójimo, y en cómo éste se puede sentir.

  • Goza de un auténtico conocimiento de sí mismo y entiende la situación en que se halla.
  • Aprecia con humildad sus cualidades y conoce sus puntos débiles.
  • Promueve valores positivos: libertad, responsabilidad, lealtad, sinceridad, justicia, etc.
  • Distingue entre hechos y opiniones, es objetivo.
  • Goza del sentido de dirección, sabe conducir a su gente; y actúa con finalidades concretas.
  • Es audaz. Posee el valor de actuar.
  • Confía en sí mismo: sabe que necesita aprender de los errores, más que de los aciertos. Corrige los
    errores.
  • Se acepta a sí mismo, y mantiene una autoimagen adecuada y realista.
  • No lucha por ser “alguien”, sino que se esfuerza por ser él mismo, y hace de su persona lo mejor, orientada
    al servicio de los demás.
  • Sabe que necesita unirse con otros –aunque no comparta con ellos sus convicciones-, para poder hacer –
    con los demás- lo que sí comparte.
  • Reconoce que cada persona es única e irrepetible y acepta las diferencias y las consecuencias.
  • Trabaja en equipo, procurando alcanzar el objetivo principal, apoyándose y sacando punta a las cualidades
    de sí mismo y de las de los miembros del grupo.