Venta a la libertad, una caricia al alma: Verónica Pineda

4 agosto, 2021
Autora: Brenda Torres Conde

Fotos: Ventana a la Libertad

El pasado 30 de julio las puertas del reclusorio de Santa Marta, en la Ciudad de México, se abrieron con un motivo especial: recibir a los y las voluntarias de Ventana a la libertad, un grupo de ayuda que recolectaron y entregaron donativos en especie a las personas privadas de su libertad que, además, se encuentran en una situación de vulnerabilidad.

En medio de una pandemia que redujo el número de visitantes por día en los centros penitenciarios nacionales, Ventana a la libertad entregó, por medio de paquetes de limpieza personal, esperanza y amor a los y las beneficiarias.

Con 480 rollos de papel, 240 jabones, 120 pastas dentales, 40 paquetes de toallas sanitarias (cada uno con 40 piezas), 120 cubrebocas, una torta, un refresco y dulces, el grupo de ayuda refrendó su compromiso por cobijar y atender a quienes más lo necesitan.

“La comida es un cariñito al alma y queremos que, con lo que llevamos, ellos se sientan cobijados y queridos por la sociedad. Nuestro objetivo es recuperar ese lazo social perdido porque ellos desconfían de la sociedad y la sociedad de ello; por eso le ponemos tanto cariño y empatía. El llevar una torta, un refresco y dulces sana a un corazón dolido. Yo lo he comprobado muchas veces”, explicó Verónica Pineda, directora de Ventana a la Libertad.

Las personas indígenas son un grupo de la población en situación de vulnerabilidad que, por factores como la pobreza, marginación, educación, aislamiento geográfico, entre otros, se encuentran en desventaja para hacer frente a las situaciones de la vida cotidiana. De acuerdo con la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), esta condición se acentúa en aquellos que están privados de la libertad en un centro penitenciario, los cuales frecuentemente se enfrentan a la negación de sus derechos como personas indígenas e internos.

Con ese contexto, Pineda abundó en que, en esta ocasión, fueron beneficiadas 120 personas; sin embargo, no es el total de la población residente en la capital del país.

“Nos dieron permiso de entrar a tres reclusorios y optamos por aquellos que estaban cerca entre sí. Aunque atendimos a 120 privados de la libertad, hay un aproximado de 800 indígenas en esta situación en otros centros penitenciarios de la ciudad y su zona metropolitana”, estimó.

Uno de los aspectos por los cuales la marginación se ve agravada son las barreras lingüísticas, esto ya que la enseñanza se imparte en el idioma dominante a nivel nacional, dejando de lado las lenguas indígenas.

“En esta ocasión nos llevó seis días reunir las donaciones y en gran medida fue porque la convocatoria se difundió mucho en grupos digitales de mujeres porque, considero, las mujeres somos más empáticas en ese sentido; aunque socialmente cuesta mucho juntar esto para ellos porque si tú pones en una publicación la palabra “indígena”, de inmediato notas un gran estigma. El mundo nos pide una transformación profunda, pero son pocos los que realmente cooperan para ello”, puntualizó.

 

Historia

Ventana a la Libertad nació con la intención de ayudar a las personas que han sido privadas de su libertad y que buscan una nueva oportunidad. Su labor inició con un grupo de autoayuda que es de suma importancia para conocer lo que sucede al interior de los reclusorios.

En ese sentido, Pineda destacó que, como grupo, se han dado a la tarea de ayudar a este sector de la sociedad para cambiar su vida por medio de la fe.

“Los grupos con los que trabajamos son personas con discapacidad, adultos mayores e indígenas porque, como sabes, son los más vulnerables, nosotros damos clases de formación humana por eso es que nos basamos mucho en la fe”, dijo.

 

Padrinos y madrinas

En el programa ‘’Padrino de Fe’’, todos y todas las mexicanas pueden ser parte del cambio al apadrinar a alguno de los alumnos que asisten a clases con el grupo de Ventana a la Libertad. Con ello, el compromiso es que cada mes envíen una carta motivacional, misma que se les hará llegar como símbolo de esperanza y de cambio en la persona privada de su libertad.

“Muchas veces decimos que el padrino o madrina va a transformar al ahijado, pero en ocasiones es al contrario. Es una experiencia muy bonita”, destacó.

 

Voluntariado

Asimismo, tienen un programa de voluntariado que consiste en llevar víveres, ropa o calzado a quienes a las y los internos durante las jornadas de recolección que anuncian en sus redes sociales.

Para sumarse deben cumplir con los requisitos emitidos por el Sistema Penitenciario de la Ciudad de México, estos son: no tener antecedentes penales, presentar identificación oficial, CURP, comprobante de domicilio y tomar un curso de capacitación.

 

Ventana a la Libertad. Facebook: @RonyVentana

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