Por: Socorro Eugenia Quijano Villanueva

Quiero ayudar a pacificar este mundo tan revuelto y que estas “balas de papel” sean estrellas de paz en la que una anuncia la llegada del Salvador, el Nacimiento de Cristo Jesús. Y esta es mi colaboración como respuesta a la violencia generalizada que vivimos en América Latina y en muchas partes del mundo.

Un Niño nos ha nacido, un Niño se nos ha dado, se llama Jesús, viene al mundo a salvarnos de nuestros pecados. Y este es un asunto importante, el sentido del pecado que se ha perdido, en otras palabras, puedo decir, el no tomar en cuenta que el egoísmo nos lleva a olvidarnos parcial o totalmente de Dios, del bien de los demás y así, del verdadero bien propio. Hemos intentado sacar a Dios de nuestras vidas y simplemente no nos entendemos, ni encontramos la felicidad verdadera.

Jesucristo es la respuesta que el hombre de hoy anda buscando y quiero apoyarme en las investigaciones históricas de Daniel-Rops en Jesús en su tiempo: “…a todos los problemas que entonces se planteaban los hombres fue Cristo quien aportó la solución. En la crisis de la inteligencia, la doctrina de Jesús reconstruyó las mismas bases de la persona, para fundar así un nuevo humanismo. Para la crisis moral, suscitó un cambio radical en los principios que en vez de depender de la sola razón y de los intereses sancionados por las leyes colectivas, se refirieron directamente a Dios. En la crisis social, el Evangelio, que devolvió al hombre su dignidad y que proclamó que la única ley necesaria era el amor, colmó de un golpe la espera de los humillados y de los esclavos, y permitió a la sociedad hacer circular por sus venas una sangre nueva. Y en la crisis espiritual, toda una confusa aspiración hacia un ideal de justicia sobre la tierra y de paz más allá de la tumba, desembocó por fin en la luz de una doctrina precisa más pura que ninguna otra. El hecho histórico del Imperio Romano permitió que la semilla sembrada en Palestina germinase y creciera lejos y aprisa, pero todo manifiesta que aquella semilla era necesaria y que, en el fondo de su corazón, el mundo la esperaba Y hoy el mundo la espera quizás aún con más ansias que entonces.

El Evangelio predicado en su pureza por cristianos que luchan por la coherencia con su fe es lo que hoy todos necesitamos. Seguir el ejemplo de Jesucristo es posible. Como posible es hoy también conocer a fondo su doctrina. Y tener claro que ante los errores y equivocaciones de algunos de dentro, la Iglesia sigue pura y sin mancha.

Hay más de cuatrocientos mil buenos sacerdotes, que se gastan por sus fieles, afirma el Cardenal Robert Sarah, en su más reciente libro Se hace tarde y anochece en el que invita a permanecer fieles a la doctrina de la Iglesia; ¿por qué volver la cara hacia los que han caído en desgracia? Todos los buenos hijos de Dios, hemos de purificarnos también en el Sacramento de la Confesión y orar y mortificarnos por ellos.

Muchos siglos antes de la venida de Cristo al mundo, el hombre hablaba de un Dios origen de todo lo creado. Que no nos borre nadie la historia, sigamos firmes en nuestra fe, tradiciones y costumbres de Navidad. Poner el Nacimiento nos dará presencia de ese momento de la llegada de Dios a la tierra y nos invitará a la oración en familia, a la reconciliación con Dios y con nuestros hermanos los hombres. Hoy, más que nunca, que la casa de cada uno albergue el Belén, el Belén que puso Dios en el mundo.

Aceptar la Encarnación de Dios en un Niño nos hace pequeños y si todos nos hacemos pequeños resolveremos ya así, buena parte de los grandes y penosos problemas del mundo. Que en esta Navidad 2019 queridos lectores llegue a nuestra vida una chispa, al menos, de fe en el verdadero Dios que nos ama con locura.

 

Que todos pasemos una muy feliz Navidad que se prolongue y permanezca siempre.

 

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