Por: Raúl Espinoza Aguilera

Muchas veces las amistades surgen con ocasión de los estudios en la escuela o en la universidad; otras veces, por parentesco; también con ocasión de coincidir en algún deporte o un centro deportivo; de igual forma por el hecho de compartir las mismas aficiones, por ejemplo, hacia la historia, la música, las bellas artes, etc.

Pero es importante distinguir entre “el compañerismo” de la verdadera amistad. Porque el primero es superficial, no tiene continuidad; son simplemente personas conocidas pero ese trato no tiene mayor profundidad.

Toda mujer y todo hombre tienen necesidad de verdaderas amistades. “Lo que más influye o determina en la felicidad de una persona son las buenas relaciones con las personas cercanas (familiares, amigos)”, afirma el Dr. Francisco Ugarte.

El libro del Eclesiástico dice que “La amistad es un tesoro” y que “El amigo fiel no tiene precio”.

En ocasiones, observamos en las relaciones de trabajo o en la universidad a ciertas aparentes amistades que solicitan contactos y relaciones para conseguir un buen trabajo o pasar bien un examen. Pero una vez logrado ese objetivo, aquella “amistad” desaparece o sobreviene un distanciamiento. Sin duda, se ha “instrumentalizado” la amistad por otros fines distintos. Y ésa no es una amistad auténtica.

“Sin duda, la amistad influye en nuestros sentimientos porque la alegría se potencia y las penas se mitigan”, añade también el Dr. Francisco Ugarte.

Un verdadero amigo hace hasta lo imposible por ayudar a quien estima. Aunque tengan sus diferencias, lo importante es apoyar a los amigos en sus dificultades, descalabros económicos, enfermedades y penas.

El filósofo Aristóteles escribía en la “Ética a Nicómaco” que el hombre feliz tiene necesidad de amigos con quien compartir su felicidad.

Pero esa amistad hay que cultivarla, abonarla, frecuentarla para que crezca y fructifique. Es bonito observar a esposos que a la vuelta de 40 años están muy unidos y comparten muchos asuntos en común. Los hijos y nietos son la manifestación viviente de su amor y su unidad. Lo mismo sucede con los amigos que se reúnen con cierta frecuencia y puede transcurrir medio siglo y esos lazos de amistad siguen vivos, vigentes.

En definitiva, amistad es saber comprender a los demás con sus defectos, limitaciones, errores; aprender a comunicar los propios sentimientos y crear puentes en común o empatías para que esas amistades perduren.

 

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