Papá y mamá ¿educan?

26 marzo, 2019

Por: Ana Teresa López de Llergo

Quiero contar una experiencia que me hizo pensar. Una amiga y yo estuvimos en una reunión en la que cuidamos especialmente la hora de terminar porque conocíamos que el lugar tiene un horario estricto para concluir las actividades e impedir que el personal de servicio tenga incierta su salida. Cada una llevamos nuestro respectivo transporte. El suyo era un coche con su chofer.

Al salir nos encontramos con la terrible sorpresa de que a su coche le habían puesto la típica “araña” que imposibilita circular. El chofer no se encontraba en su sitio, le llamó a su celular. Obvio, se estacionó en un lugar prohibido. Llegó el joven muy molesto, pensamos que ya sabía lo ocurrido y no lo afrontó para que al salir nosotros el asunto estuviera, si no resuelto, al menos encaminado.

Mi amiga lo envió a pagar la multa. Cuando regresó estaba enojado, distante, a ratos desaparecía y seguía además de molesto, muy mal encarado. No se acercó a pedir una disculpa ni a ofrecerle esperar dentro del coche mientras se solucionaba el asunto. Yo pensé, este joven debe estar muy preparado para conducir cualquier coche, pero no le han formado para afrontar problemas.

Y es que hay dos niveles de educación, la que capacita para desempeñar un oficio o una profesión, y la que incide en algo más profundo de cada persona. El primer aspecto se ofrece en las instituciones especializadas, el segundo aspecto corresponde directamente a la familia porque allí nos conocen a fondo y saben qué tendencias tenemos y nos enseñan a corregirlas para ser mejor personas.

Para esta formación que incide en lo más necesario para cada persona, el papá y la mamá están especialmente dotados por la cercanía de la convivencia, por la natural preocupación para que sus hijos sean personas de provecho, porque la confianza de los hijos es muy grande aunque, a veces, se muestren rebeldes y respondan mal en un primer momento.

Por estas razones, tanto el padre y la madre deben perder el miedo a no estar bien preparados para la educación de sus hijos, es cierto que pueden no estarlo para darles los recursos de la profesión que deseen alcanzar, pero para formarlos como personas de bien ningún maestro, por bueno que sea, los iguala. Así que no se atemoricen sus hijos los necesitan.

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