La participación ciudadana con el gobierno

26 octubre, 2018

Por: Ana Teresa López de Llergo

En nuestro país, como en tantos otros, hablamos de democracia, pero este sistema social no sale de buenos de deseos sino solamente de la actividad que realicemos cada uno de los integrantes del territorio. Por eso, no basta con hacer algo de vez en cuando sino de mantener una atención permanente para conocer los sucesos y para darles la orientación adecuada.

Lógicamente todo sistema de organización busca el bien para todos, en la teoría y en la práctica. Esto es un buen comienzo, sin embargo, la aplicación en el día a día, es variada y dinámica, allí cada uno ha de desempeñar su papel, porque de no hacerlo, frustramos los planes y paralizamos o anulamos las decisiones. Y lo peor es que no nos damos cuenta de nuestra culpabilidad.

No podemos reducir la participación a votar en tiempos de elecciones, eso ya es algo, es un inicio. Si sale nuestro candidato no lo podemos dejar solo, hay que secundarlo en las propuestas que nos gustaron, también es necesario, si se da el caso, recordarle las que no se han puesto en marcha, y mucho más importante es plantear nuevos retos según lo requieran los nuevos sucesos.

Pero también se es protagonista cuando cuida uno las relaciones en la propia familia, en la actividad profesional y en la convivencia con los demás. La familia está integrada por unas personas determinadas, pero en la medida en que les atienda o les ayude a cumplir con sus deberes familiares, estoy reproduciendo el buen ambiente en una micro sociedad. Y la suma de las familias forman un país.

En la actividad profesional se desea constancia para sacar adelante las metas, con sentido de responsabilidad para no solamente atender a lo propio sino también al conjunto. Con visión amplia para entender que si cada uno realiza bien el trabajo se prestan servicios que cubren las necesidades propias de las personas, y con ello se crea bienestar y buena disposición.

El modo de comportarse en las calles, en los transportes, con las personas con quienes uno se topa, son otro modo de colaborar, porque no se provocan enojos, pleitos o tensiones que más adelante pueden agravarse y causar auténticos desastres. Así, en la vida cotidiana podemos ser buenos ciudadanos y llamar al buen comportamiento a otros. Así de sencillo y eficaz.

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