Por: Redacción Somos Hermanos

Fotografía: Derechos reservados

El Papa Francisco animó a ser misioneros y a renunciar a las cosas materiales inútiles “que empequeñecen el corazón” porque el secreto de la misión es que “para partir se necesita dejar, para anunciar se necesita renunciar”.

Así lo indicó el Santo Padre al celebrar la Misa por la Jornada Misionera Mundial, en la que explicó que “el anuncio creíble no está́ hecho de hermosas palabras, sino de una vida buena: una vida de servicio, que sabe renunciar a muchas cosas materiales que empequeñecen el corazón, nos hacen indiferentes y nos encierran en nosotros mismos; una vida que se desprende de lo inútil que ahoga el corazón y encuentra tiempo para Dios y para los demás”.

En su homilía, el Pontífice describió que para vivir la misión es necesario “subir al monte a rezar por todos y bajar del monte para hacerse don a todos”.

“El monte nos recuerda que los hermanos y las hermanas no se seleccionan, sino que se abrazan, con la mirada y, sobre todo, con la vida. El monte une a Dios y a los hermanos en un único abrazo, el de la oración. El monte nos hacer ir a lo alto, lejos de tantas cosas materiales que pasan; nos invita a redescubrir lo esencial, lo que permanece: Dios y los hermanos”, afirmó.

En este sentido, Francisco señaló que “la misión comienza en el monte: allí́ se descubre lo que cuenta. En el corazón de este mes misionero, preguntémonos: ¿Qué es lo que cuenta para mí en la vida? ¿Cuáles son las cumbres que deseo alcanzar?”.

Además, el Papa Francisco subrayó la importancia de anunciar a todos. “Sabe que nosotros somos testarudos al repetir ‘mío’ y ‘nuestro’: mis cosas, nuestra gente, nuestra comunidad, y Él no se cansa de repetir: ‘todos’. Todos, porque ninguno está excluido de su corazón, de su salvación; todos, para que nuestro corazón vaya más allá́ de las aduanas humanas, más allá́ de los particularismos fundados en egoísmos que no agradan a Dios. Todos, porque cada uno es un tesoro precioso y el sentido de la vida es dar a los demás este tesoro”.

Al finalizar, el Papa Francisco explicó que “cada uno de nosotros tiene, cada uno de nosotros es una misión en esta tierra” y añadió que “estamos aquí́ para testimoniar, bendecir, consolar, levantar, transmitir la belleza de Jesús”.

 

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