El odio es una carga demasiado pesada

15 enero, 2019

Por: Eugenia Islas Arroyo

El 15 de enero de 1929 vio nacer a uno de los líderes sociales más importantes por excelencia: Martin Luther King. Ha sido reconocido mundialmente como una figura determinante en la lucha a favor de los derechos humano, su incansable labor por llevar a cabo una resistencia no violenta ante la discriminación racial existente en los Estados Unidos de los 50’s. En 1964 fue condecorado con el Premio Nobel de la Paz a los 35 años de edad, siendo así la persona más joven en recibir dicha distinción.

Vidas que inspiran

Se formó como Sociólogo en la Morehouse College -universidad destinada a jóvenes afroamericanos- y, posteriormente, como Teólogo por la Universidad de Boston a sus 22 años, cuatro años más tarde alcanzó el grado de Doctor en Teología. Desde joven tuvo conciencia de la segregación social que vivía por su color de piel. La época en que vivió manejaba un discurso de odio racista por parte de la mayoría, inclusive, las leyes se regían por dicho paradigma sin que la población norteamericana se inmutara por ello.

Al seguir los pasos de su padre, Michael King Jr –nombre natal de padre e hijo, posteriormente modificado a Martin Luther King tras un viaje por Alemania en honor a Martín Lutero-, fue nombrado pastor baptista a sus 25 años de edad en Alabama.

Contra la segregación y discriminación racial

La dignidad humana tendría que tener una condición básica e inamovible: la igualdad racial. Dentro de la esfera política como principio democrático, la moral y los principios religiosos que conocía muy bien. Todo ello trajo como consecuencia acciones destinadas a conseguir los propios derechos, mismas que dejaban a un lado el origen subversivo de cualquier otra.

La estrategia que siguió Martin Luther King se basaba en un precepto siempre fijo y que logró instaurarse en el imaginario social tras su postura pacífica basada en las acciones que Gandhi tomó por la independencia de India: no pueden ser obedecidas aquellas leyes injustas que se oponen a la ley moral. A pesar de ellos, la iglesia blanca no validaba los actos de King, quien mencionaba el camino del amor para aquellos afroamericanos pasivos ante la crisis segregaría y denunciaba el discurso de odio que validaba la discriminación por parte de los nacionalistas.

El principio de no violencia convirtió a King en uno de los líderes con mayor credibilidad del movimiento por la antisegregación. La inspiración cristiana y liberal también tuvo un enorme impacto en las campañas que fueron llevadas a cabo desde las propuestas del Teólogo. Su papel dentro de la sociedad como pastor le permitió der una guía a la población afroamericana de Montgomery tras el arresto de una mujer negra por negarse a ceder el asiento a un hombre blanco en 1955: no utilizar el transporte público hasta que las manifestaciones discriminatorias fuesen eliminadas. La firmeza del movimiento se logró mantener durante un año completo la ley dictó como ilegal el dar muestras de segregación o discriminación en los transportes públicos de la ciudad.

Legado por la inclusión y valor de la diversidad

King dejó una vasta obra escrita y pronunció una serie de discursos tras su visibilidad política, pero ninguno de ellos fue tan reconocido como el más famoso de ellos: I have a dream (Tengo un sueño) mismo que pronunció el 28 de agosto de 1963 ante los integrantes de la marcha sobre Washington –que en total sumaban unas 250.000 personas-. Lo declamó al pie del monumento al presidente que un siglo antes hubiese abolido la esclavitud, Abraham Lincoln.

“Sueño que mis cuatro hijos pequeños vivirán algún día en una nación donde no se les juzgará por el color de su piel sino por las cualidades de su carácter”.

La lucha de King continuó luego de haber recibido el Premio Nobel de la Paz hasta el 4 de abril de 1968, día en que un fanático racista llamado James Earl Ray lo asesinó en un motel de Memphis. Luego de la muerte de King, el movimiento astisegregario racial estadounidense decidió optar por vías abiertamente revolucionarias y un tanto más violentas a las medidas que en su momento el líder afroamericano decidió emprender.

2011: año de los afrodescendientes

Tras una vida de lucha constante protagonizada por la acción colectiva de las personas afroamericanas y, pese a las condiciones legales que hoy por hoy protegen su derecho a ser libremente respetados y valorados por su color de piel, continuamos viendo los hechos discriminatorios constantemente. Personas toman cargos políticos pese a su abierta postura racista y, con ello, nos encontramos dando pasos en reversa a los ya avanzados en temas de equidad y trato igualitario para todas las personas.

Por ello, hace 8 años la ONU declaró el 2011 como el Año Internacional de las Personas Afrodescendientes. De acuerdo a Ban Ki-moon, quien fuera secretario general de la ONU en ese tiempo, el objetivo es “fortalecer el compromiso político para erradicar la discriminación contra los afrodescendientes”. Tal discriminación continúa presente en los actos cotidianos, cuando salen a las calles y son juzgados por tener un tono de piel distinto al que el orden político estipula como “correcto”.

La valía de un ser humano trasciende cualquier condición física por la que pudiese ser señalado como diferente, es precisamente la diversidad cultural la que nos fortalece como humanidad y nos vuelve sensibles ante las condiciones de odio que otros viven.

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