¿DÓNDE QUEDÓ NUESTRA LIBERTAD?

7 octubre, 2021

El mundo actual nos está decepcionando. Todos los medios de comunicación, con el avance que han tenido en los últimos cien años, nos habían dado la posibilidad de ampliar nuestro conocimiento sobre nuestro planeta, sus características, sus grupos poblacionales con su cultura, costumbres y valores, así como los retos de diferente tipo que enfrentan.

Se había generado un interés por el conocimiento y las posibilidades parecían casi infinitas. La radio, la televisión y el cine nos abrían hacia mundos antes lejanos y difíciles de conocer personalmente. Cada uno elegía dentro de la oferta la que mejor le pareciera.

Al llegar la era digital, las posibilidades se han incrementado con una variedad y rapidez que ya estamos lejos de poder aprovechar la interminable oferta de información.

Sin embargo, hoy nos vamos dando cuenta de que los medios de comunicación tanto los tradicionales como los digitales nos están restando libertad, porque seleccionan los contenidos de lo que se publica con criterios arbitrarios, fijados no se sabe bien por quien, y con qué propósito.

Se suponía que, por ejemplo, en las redes sociales uno podía incluir contenidos que pudieran ser interesantes, no para todos, sino para muchos, pero resulta que “alguien” tiene el poder de determinar si esos contenidos pueden o no comunicarse, de tal modo que ese “alguien” puede bloquear la información que a su juicio es perjudicial.

Por eso es que me pregunto ¿dónde quedó nuestra libertad de pensamiento, nuestra libertad de expresión, nuestra libertad de conciencia y nuestra libertad de religión y culto?

¿A quién obedecen los enormes negocios de las redes sociales para decidir lo que se puede o no publicar?, ¿se trata de autoridades locales, nacionales o internacionales? ¿Cuáles son las que están limitando nuestras libertades?

El 3 de octubre se realizaron marchas multitudinarias en al menos 50 ciudades del país.

Se calcula que en total eran más de un millón de personas quienes salieron a las calles para reclamar, de manera pacífica, justicia para las mujeres embarazadas y sus hijos por nacer. Los medios de comunicación tradicionales no hicieron la menor mención del tema, algunos, mencionaron “cientos de personas” otros algo más, pero ¿por qué? Porque quienes los dirigen o sus consejos editoriales prefieren que las mujeres se vean orilladas al aborto para su desgracia y la muerte de sus hijos.

Ellas lo que necesitan es el apoyo, en primer lugar, del hombre que con ellas engendró esa criatura que está vivo y pertenece a su misma especia, la humana. También la familia debe apoyar a las jóvenes en esa situación para que no destrocen su vida y la de su hijo.

Sin embargo, 5 días antes, hubo una marcha de feministas, con sus pañoletas verdes, festejando el fallo de la Suprema Corte, de declarar inconstitucional la penalización del crimen del aborto. Esa marcha, violenta, que dejó destrozos a su paso, esa sí fue muy publicada en todos los medios de comunicación: prensa, radio, televisión y redes sociales.

Tenemos que darnos cuenta de que estamos perdiendo libertad. ¡Hay quienes deciden que se puede dar a conocer y que no! ¿Con qué derecho? Estamos sufriendo la tiranía de los medios. En redes sociales no se puede defender la vida, la familia, la fe o los valores humanos, sin que te cancelen temporal o definitivamente la cuenta, en Facebook, Twitter, Youtube e Instagram.

Nada menos, ayer, dejamos de tener servicio de varias de estas plataformas sin que se haya explicado la razón. Es decir, que cuando se les antoje nos dejarán callados el tiempo que quieran.

Por otro lado, tenemos la amenaza del gobierno que pretende convertirse en el único productor y distribuidor de los energéticos, petróleo, gasolina, gas y electricidad. Esa es una forma de mantener dominada a toda la población, cuando no existen opciones entre las cuales elegir que proveedor nos conviene más a nuestras necesidades y capacidad económica.

Nos están cocinando despacito para que no nos demos cuenta hasta que estemos totalmente fritos. Necesitamos reaccionar; cada ley que reforman nos va restando libertad, ¡no lo permitamos!

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