La esperanza y el nuevo gobierno

By 5 diciembre, 2018Columnas

Por: Ana Teresa López de Llergo

Estamos a punto de iniciar un nuevo gobierno enmarcado en la presencia de un reciente partido. La elección no dejó dudas de que la mayoría se inclinó por esta opción. Hace tres sexenios también se buscó incursionar en el gobierno de un presidente que no pertenecía al partido que durante setenta años puso a los gobernantes del país.

Nuevamente se repite la necesidad de incursionar en otros enfoques para conducir el país. Es muy positivo ver que la participación ciudadana cada vez es mucho más activa en cuanto a estar presente y escuchar las propuestas. Faltan más pasos, por ejemplo cuestionar los medios que se utilizarán para cumplir las promesas, quiénes son los colaboradores y su trayectoria.

También es importante llevar un registro de las promesas para ver si se ponen medios para alcanzarlas o si se han olvidado y por qué. Si surgen otros asuntos que antes no estaban previstos y el modo de afrontarlos. Sobre todo, se ha de analizar si la forma de dialogar con el pueblo fue mejor en la campaña y una vez en el poder se vuelve distante o selectiva: sólo para los amigos.

Ante lo que vaya apareciendo hay que seguir participando. Secundar las acciones que emprenden los funcionarios públicos porque ellos solos no pueden realizarlo todo, y muchas veces no se alcanzan los resultados porque nosotros u otros no sólo no colaboran sino que impiden los planes criticando o impidiendo los asuntos.

En el caso de presentar resistencia, es importante hacerlo con fortaleza pero con educación, estos dos aspectos no están reñidos. De otro modo las situaciones se agravan porque no se detienen las propuestas inconvenientes y además se causan estropicios con una resistencia agresiva y destructora.

El ejercicio de la ciudadanía no es fácil pero sí gratificante porque al participar se practica la esperanza. Sin esperanza no nos moveríamos porque consideraríamos que no hay nada que hacer. Al participar estamos seguros de que entre todos podemos alcanzar las mejoras que anhelamos. No dejemos en manos de otros los adelantos. Cada día reavivemos nuestra esperanza con nuestra presencia activa. De otro modo no valen las quejas.

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