GUERRA, O PAZ

9 marzo, 2022

Autor: María Teresa Magallanes

La paz es un anhelo de todo ser humano porque somos conscientes de nuestra dignidad personal, pero también hemos de reconocer que todos los demás seres humanos son igualmente dignos. Sin embargo, las mujeres y los hombres no somos perfectos, y la tarea de mejorar como personas, muchas veces no la hemos realizado.

Los valores que construyen la paz son el respeto y la justicia.

El respeto que implica el reconocimiento del igual valor, o dignidad, de los demás, por lo que no es válido perjudicarle en modo alguno, sino por lo contrario, debeos de procurar beneficiarles en la medida de lo posible. Todo esto parte de reconocerlos como iguales, ni superiores ni inferiores, a nosotros mismos.

Todo ser humano tiene iguales derechos ante los demás, y esos derechos deben reconocerse y respetarse, porque en eso consiste la justicia.

Pero, ¿por qué, o cómo surgen las guerras? Hay quien dice que todas las guerras tienen un motivo económico, que son los gobiernos de unas naciones que codician los bienes de otras naciones, bienes de todo tipo, pero sobre todo bienes materiales.

La guerra que recién comenzó en Europa hace pocos días, nos tiene un poco confundidos.

¿Quién tiene la razón? Por más que escuchamos todo tipo de razonamientos no nos queda claro por qué se ha iniciado esta guerra, que podría amenazar la paz mundial.

En el fondo, toda guerra es el fruto maduro del egoísmo y la soberbia de los líderes de dos países, que arrastran a su pueblo a una confrontación en la que no están exponiendo su vida ellos, sino su pueblo. 

Y, qué decir de nuestro país, en el que la codicia de los miembros de las diferentes mafias de delincuencia organizada tiene en el pánico a poblaciones enteras, que tienen que dejar sus casas, sus tierras, sus animales, para huir del peligro que amenaza su vida. Y, no estamos hablando de una fuerza extranjera que nos amenaza; se trata de otros de los nuestros, que comparten con nosotros la patria y la historia y, que, sin embargo, se han constituido en nuestros enemigos gratuitos, porque nada les hemos hecho.

O, que decir de las familias en las que existe también violencia, siendo los más próximos unos de otros. ¿Qué está pasando con esta humanidad? Ya no sabemos, o nunca hemos sabido amar y respetar a nuestros semejantes, ¿ni siquiera a los de nuestra propia sangre?

Todo esto nos tiene que llevar a una reflexión profunda. ¿Qué somos unos de otros? ¿Qué nos debemos unos a otros? Volver a pensar en que todos somos hijos de un mismo Padre, el que está en los Cielos, y somos hermanos entre nosotros. Que fuimos creados a su imagen y semejanza: que nos creó por amor y para amar, porque esa es la vocación de todo ser humano y, sólo amando a los demás podemos ser realmente felices. 

Amar, empieza por reconocer todo el bien que hay en el otro, sea muy cercano o lejano, y todo ese bien se basa en que es un ser humano igual que yo, con una enorme dignidad, que merece todo mi respeto y mi amor, y esto significa que, reconociéndolo como bueno, yo quiero ser un bien para el otro y, hacer por el otro todo el bien que pueda.

El conflicto surge cuando el amor propio, que no es lo mismo que el amor de sí, me lleva a ver al otro como un bien para mí, sin importarme su bien. Es el egoísmo el que nos lleva a ser rivales y, más aún, la soberbia la que nos impulsa a pasar por encima de los derechos de los demás, como si nosotros tuviéramos más derechos que ellos.

Si queremos la paz, tenemos que aprender a convivir con los demás en un plano de igualdad en dignidad y derechos, porque compartimos la misma naturaleza humana y, porque nos reconocemos como hermanos, hijos del mismo Padre.

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