Por: Socorro Eugenia Quijano Villanueva

Corrupto, quien corrompe lo que está sano, lo que está limpio, el orden de las cosas. Luego entonces, lo limpio, lo sano es lo ideal, lo preferible al hombre.

Todos queremos un mundo libre de esta plaga y sin embargo, muchas veces nosotros mismos la propiciamos, propagamos, reciclamos, caemos en sus “garras” casi inadvertidamente o con toda conciencia. Y es la inseguridad la que está detrás, la causada por la necesidad económica, la urgencia de tiempo, la costumbre, la ambición, la voracidad de querer llenar con bienes materiales aquello de nosotros mismos que no es materia – porque la materia con materia se llena- que es nuestra realidad espiritual. Hoy el consumismo, el materialismo, el hedonismo, el “todo y enseguida”, la ley del más fuerte, son un grito a la cara de que el hombre no es sólo materia, sino que es algo más. Los deseos de poder, imponer, vanagloria, supremacía… ¿no son acaso realidades intangibles que atienden a una realidad que va más allá de la sola materia?

La corrupción, un mal que aqueja a México a todos los niveles y el resto del mundo tampoco está exento. El llamado diez por ciento de “tajada” en las operaciones de la Administración Pública, la “mordida”, el “por debajo del agua”, “mientras se pueda”, las “comisiones forzadas” ,el “moche” y como quieras llamarle son reflejo de la indigencia en la que se siente el hombre que desconoce su altísima dignidad, de la necesidad imperiosa de querer atesorar más de lo que honestamente somos capaces de ganar o bien de sentirnos merecedores de más y apropiárnoslo a toda costa, por caminos oscuros, sin que se sepa, sin que la gente se entere, a escondidas, con artimañas, quedando bien y por dentro “podridos”.

“De los mexicanos, 89.7% considera que las corporaciones policías del país son corruptas, seguido de los partidos políticos y el Ministerio Público con 84.4% y 78.4% respectivamente. En general, el 75.6% de la población considera que la corrupción en el gobierno federal es una práctica común”.

(Cfr.http://eleconomista.com.mx/corrupcion-mexico)

Ante el desarrollo petrolero después de la “Reforma energética” se me viene a la cabeza: ¿Dónde parará realmente la riqueza nacional? ¿Quiénes manejarán las millonarias utilidades petroleras? ¿Por qué Campeche no sale de la pobreza? ¿Cómo bajará el gobierno el índice de alcoholismo principal causa de los suicidios según los especialistas? Sin duda, la solución es educar al hombre en virtudes que le permitan comportarse conforme a lo que es: ¡El rey de la creación!

Casos como los de Oceanografía, con oficinas en Cd. Del Carmen, Campeche, nos encienden cuando nos hacemos cargo de las cantidades millonarias en manos de unos cuantos.

Sexenio tras sexenio, promesas y, en las calles, ríos de desempleados, inseguridad amenazante, niños solos que cruzan la frontera en aras de un mejor futuro. Todo esto duele y pienso ¿por qué nos dejamos robar? Si la mayor parte de los mexicanos viajamos en camión y/o en metro, vamos a la Villa de Guadalupe y creemos en Dios, porqué estos índices de pobreza, analfabetismo, inseguridad…

No encuentro más respuesta que la voracidad con que la corrupción ha carcomido las mejores intenciones de falsos servidores públicos y auténticos ególatras, de empresarios voraces por el poder que da el dinero, por “rateros” de “cuello blanco” y casas elegantes.

¡Hagamos una coalición en contra de la corrupción! Que nadie acepte “mordidas”, que nadie ofrezca “tajadas” que la transparencia sea la costumbre que nos proteja de ese “otro yo” en el que crecen las bajas intenciones.

Los numerosos controles externos contra la corrupción (PGR, ASF, IFAI, C DE LA U.,SHCP, ONGs, etc.) sirven de muy poco para “controlar” a los 130 millones de mexicanos que somos. Necesitamos educarnos en auto estima, en no creernos ni más ni menos de lo que somos, tengamos lo que tengamos, pero eso sí, ¡no dejarnos robar! Por favor, no nos dejemos robar, ni los ciudadanos de a pie ni los que van en coche, cada uno, exigir sus derechos, defenderlos; “el diagnóstico realizado por México Evalúa (2012), así como por estudios de la Red de Rendición de Cuentas (RRC) y la ASF (2011), entre otros, la creación de nuevas normas e instituciones (anticorrupción) no se tradujo en mayor efectividad en el combate a la corrupción y tampoco en una disminución en la percepción manifestada por los ciudadanos.” www.mexicoevalua.org/descargables/Como_controlar_la_corrupcion.pd

Urge convencernos de que somos cada uno, en lo personal, la fuerza de nuestro país, que en cada uno reside la solución a los problemas que nos aquejan, sin desistir tampoco de recurrir a las organizaciones que haga falta para conseguir controlar, a ese “otro yo” que todos llevamos dentro.

 

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